martes, julio 16, 2024

Fieles a nuestra vocación

La contemplación del Misterio de la Eucaristía hizo que siempre tuviera un gran respeto hacia todos los sacerdotes, tanto si eran hombres virtuosos, como aquellos que injustamente la trataron mal y la hicieron sufrir. Y esto inculcó a sus Hermanas religiosas y a las niñas del Colegio.

Gentileza del Pbro. Carlos Ponza

María del Tránsito Cabanillas, nació en el Valle de San Roque, Provincia de Córdoba, el 15 de agosto de 1821, fue la tercera de once hijos de Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez.

Desde joven manifestó su preocupación por la Evangelización a través de la catequesis, la caridad hacia los pobres y enfermos, mostrando siempre una gran sensibilidad por los sufrientes. Una de las notas de la espiritualidad de Madre Tránsito fue el servicio humilde y la sencillez característica del franciscanismo que tanto amó e hizo suyo.

Como laica participó de la Tercera Orden Franciscana y en 1859, queriendo entregarse de manera más plena a Jesús, realizó un voto privado de virginidad.

Su hermano Emiliano Cabanillas, sacerdote formado en nuestro Seminario Nuestra Señora de Loreto, fue Rector del Colegio Montserrat. María del Tránsito solía acompañarlo y ayudarle en los quehaceres domésticos cuando los seminaristas iban a Caroya durante las vacaciones. Y así, como cuidaba a su hermano sacerdote, veló maternalmente por aquellos jóvenes, futuros sacerdotes.

En 1870 recibió de Dios la inspiración de fundar una Congregación en donde las Hermanas, llevando una vida de oración y penitencia, alabaran al Señor. Distintas vicisitudes la llevaron a que recién el 8 de diciembre de 1878, se realizara la fundación de las Terciarias Misioneras Franciscanas, en Barrio San Vicente.

En su vida religiosa, el Señor la llevó por el camino de la inmolación, abrazada a Cristo Crucificado. Su itinerario espiritual es el de un alma unida a Jesús, no solo en los momentos de dicha, sino particularmente en las pruebas y humillaciones.

Madre Tránsito Cabanillas adoraba asiduamente a Jesucristo presente en la Eucaristía, por eso sufría profundamente cuando, para mortificarla, la privaban de la comunión sacramental.

La contemplación del Misterio de la Eucaristía hizo que siempre tuviera un gran respeto hacia todos los sacerdotes, tanto si eran hombres virtuosos, como aquellos que injustamente la trataron mal y la hicieron sufrir. Y esto inculcó a sus Hermanas religiosas y a las niñas del Colegio.

Falleció en Córdoba, el 25 de agosto de 1885 y fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II en Roma el 14 de abril de 2002.

En su fiesta, pedimos a la Beata María del Tránsito Cabanillas que desde el Cielo cuide a los sacerdotes, a los seminaristas y a este Seminario en donde se formó su hermano Emiliano. Que ella interceda para que, sacerdotes y seminaristas, seamos fieles a nuestra vocación.

Celebro la misericordia que Dios tiene conmigo

Siento que Dios me ha mirado con misericordia y me ha elegido para una misión en la Iglesia, y gustando a cada instante de ese llamado, es que doy este nuevo paso hacia una consagración total de mi vida a Dios y al Reino.  Realmente estoy muy agradecido, primero a Dios y luego a la gente.  

Mi nombre es Joaquín Gutierrez. Soy de Villa Allende, Córdoba. Ingresé al Seminario en el año 2017. Mi parroquia de origen es Nuestra Señora del Carmen de Villa Allende. Me gusta mucho la música, las guitarreadas con amigos/as, familia y en la comunidad. Actualmente desarrollo mi actividad pastoral en parroquia San Jerónimo, Barrio Alberdi, donde acompaño el Centro Barrial «Hijos del Suquía» de la Familia Grande de Hogar de Cristo y la juventud de la Parroquia. Me apasiona vivir a Jesús en comunidad. Tratando de servir y anunciar su vida en palabras y gestos concretos

En este día recibo la Admisión a las ordenes sagradas. Esto significa que la Iglesia, después de un proceso de formación, que en mi caso lleva 6 años –y que no termina, sino que continúa y se va profundizando cada vez más–, reconoce en mí signos vocacionales y me admite, me recibe en nombre de Dios, como candidato a recibir el orden sagrado del sacerdocio. Por mi parte, me ofrezco pública y libremente a Dios y a la Iglesia, como respuesta concreta a la vocación que, por la misericordia de Dios, he recibido y a la que hoy respondo con un gran y agradecido “SI”. Me ofrezco a Dios y a la Iglesia para abrazarme completamente a la persona de Jesús y a su Reino, allí donde la Iglesia me quiera y que en estos días rezo con especial cariño y afecto, haciendo mías las palabras de Isaías (Is.6, 8), al decir: “aquí estoy, envíame”.

Por otra parte, llego a este momento con mucha paz, con mucha alegría, esperanza y un gran deseo de poder compartir con la gente esta Buena Noticia que lo puede todo y que lo abraza todo. Hoy celebro la misericordia, la fidelidad y la bondad que Dios ha tenido conmigo, a lo largo de toda mi vida, y lo hago haciéndome eco de Santa Teresa, al decir: “miren lo que ha hecho conmigo”. Siento que Dios me ha mirado con misericordia y me ha elegido para una misión en la Iglesia, y gustando a cada instante de ese llamado, es que doy este nuevo paso hacia una consagración total de mi vida a Dios y al Reino.  Realmente estoy muy agradecido, primero a Dios y luego a la gente. Y le pido a nuestro buen Señor que me mantenga siempre enraizado en su corazón y en de la gente, en sentido de estar siempre metido en el corazón de su pueblo, sirviéndola en su nombre.

Como antes dije, es largo el camino que aún queda por recorrer, pero también es cierto que me inspira,  me alienta, caminar tras las huellas de Jesús. Andar y desandar sus caminos, acercándome a éste Jesús que me atrajo, me ha hizo y me hace acercarme cada día más a él y que, por su medio, me lleva también a estar en medio de la gente. Me atrae su proyecto, su persona, sus  modos, sus gestos, su modo de entrar en la historia y de actuar en ella. Poder ser, muchas veces, ese abrazo de Dios, esa palabra, ese gesto de Dios, ese alimento de Dios a su pueblo.

Para terminar, dirijo un mensaje a los jóvenes que se plantean la pregunta por el sacerdocio. A ellos, y con una mano en el corazón, les digo que, en primer lugar, pidan la gracia de ser libres, de abrir el corazón a Dios y a vida que Él les tiene preparadas. Muchas veces uno pretende resolver esa pregunta antes y, tal vez, no sea ese el mejor camino. Más bien me sale, en este momento, recordarles las palabras de Jesús “vengan y lo verán”. Es en el estar con Él que podemos conocerlo: su corazón, sus gestos, sus modos, su voz y sus palabras. A la vez, me vienen también a la mente y al corazón las palabras de san Pablo que dicen (aunque tal vez no de manera textual) “no es que ya lo tenga conseguido todo, sino que me lanzo hacia adelante”. Es un ponerse en camino, consagrarnos a una búsqueda de su Reino, de ir pispeando por dónde es que el Señor va proponiéndonos vivir, gastar la vida, sabiendo que nadie más que Él quiere que sea una vida feliz, vivida en plenitud, siendo completamente feliz. Pero tenemos el desafío de ponernos en camino, abrirnos a la vida de Dios en nuestras vidas. Para esto debemos fortalecer la intimidad que tenemos con el Señor –cosa que nos recordaba Mons. Rossi en el Lectorado de Ignacio Loza–, llegar a una intimidad amorosa, cercana, completa, y estar también atentos al Dios que habla en la familia, en los amigos, en los grupos, en los estudios, en el trabajo, en la lucha cotidiana, en las debilidades. En definitiva, estar abierto a los tiempos de Dios y a nuestros propios tiempos también.

También pienso en el que nunca se planteo la pregunta por el sacerdocio. Creo que merecemos hacernos la pregunta ¿por qué no el sacerdocio? Pero también es cierto que Dios pone esta pregunta en el corazón. Solo hay que estar atentos, sensibilizarnos, agudizar los sentidos y abrazar nuestros tiempos, disponiendo nuestra vida en una clave de encuentro con nosotros mismos, con el Señor y con los demás. Sabiéndonos encontrados primeramente por Él y habitados por Él. Y cuando llegue  ese momento en la vida en que nos preguntamos ¿qué lugar ocupamos en el mundo; en la Iglesia; quiénes somos; dónde estamos; hacia dónde vamos?, es ahí cuando tiene que estar muy presente esa búsqueda de Dios, esa sed de Dios que sólo la llena Él mismo y que va cautivando el corazón. y poder preguntarle también al Señor ¿dónde me sueñas? A la vez que pedirle la gracia de descubrir dónde es que podremos desplegar y gastar la vida íntegramente, en comunión con sus planes y proyectos.

Jesús saca lo mejor de mi

“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican” – Lc.11, 28.

Me llamo Ignacio Loza, tengo 26 años, nací en la Ciudad de Córdoba, hincha de Talleres. Ingrese al Seminario en el año 2016. Estoy viviendo desde el año pasado en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Villa Allende, allí trabajo pastoralmente con los jóvenes de la comunidad y en Caritas, donde intento ayudar un poco en el trabajo social de nuestra ciudad. Además, estoy cursando el último año de la facultad de Teología en la UCC.

Con inmensa alegría el lunes 15 de agosto recibiré el ministerio del lectorado. Este ministerio que me otorga la Iglesia es un paso significativo del llamado que Dios me hace a consagrar mi vida a Él, en el ministerio sacerdotal. Es volver a decir que si, a este llamado que Dios viene realizando en mi vida y a renovar mi compromiso con la Iglesia en este servicio que me confía.

El lectorado es un ministerio que me confía la Iglesia, en el que me invita a interiorizarme con fidelidad y profundamente en la escucha, anuncio y predicación de la Palabra de Dios. La Palabra para todo cristiano, y de particular manera para los sacerdotes, es el corazón de la propia vida, ya que, si se apaga la Palabra, el cristiano no puede continuar su vida. Además, al igual que el corazón, es el centro de la vida, principio y fin de todo discernimiento cristiano y dialogo con Dios.

Por otro lado, para los seminaristas, recibir estos ministerios que la Iglesia nos va confiando en el trayecto de la formación inicial, es un signo de confirmación al camino que se viene realizando.

Por eso, me atrevo a decirles a los jóvenes que no se priven de vivir el servicio y la fe con libertad, buscando realizar y gastar su vida como lo hizo Jesús. Que se pregunten dónde los llama Jesús a gastar la vida, a dejarlo todo para ser verdaderamente feliz y libres.

Mi vida cambio al darme la posibilidad de servir, de misionar y de creer que, lo que dice el Evangelio es cierto, pero que principalmente es verdad en mi propia vida. Esto lo descubrí al darme la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios, de permitirme creer en que todo lo que me contaban de Jesús era cierto, que la verdadera felicidad está en servir a los que más sufren y no servirme de los que sufren. Hoy descubro nuevamente que Jesús saca lo mejor de mí, y me invita a vivir la vida al extremo, con discernimiento y escucha permanente, pero a fondo y sin miedos. Sabiendo que el que me guía es Él, y que yo estoy a su servicio. De esta forma me sueño consagrado para toda la vida a Dios.

¿Y a vos? ¿Dónde te llama Dios a gastar tu vida?

La vocación se vive siempre en comunidad

La vocación se forja en una relación estrecha con Dios, madura en una vida entregada en la misión que se te encomienda en cada momento de la vida y siempre crece junto a otros, en una vida fraterna asumida y comprometida.

Te dejamos un testimonio de uno de nuestros seminaristas:

Me llamo Lucas Gonzalo Nazar, tengo 28 años, me encuentro en mi sexto año de formación, provengo de la Diócesis de La Rioja. Hace unos días me preguntaron qué significaba la admisión o este paso que estaba por dar, en esos momentos conteste que era muy importante porque implicaba un detenerse en este camino, el cual sigue, por cierto, pero un detenerse para contemplar y dar gracias por la presencia de Dios en mi vida y la maravillosa obra que está realizando en este caminar.

El pasado domingo 24 de julio, en la provincia de La Rioja, en la parroquia Nuestra señora de la Candelaria – Sañogasta, se celebró la Eucaristía recordando el 46° aniversario del martirio del beato Wenceslao Pedernera, y en este contexto fui admitido como candidato a las Sagradas Órdenes.

Fue una celebración muy emotiva y llena de signos, sobre todo fraternal. En cada “si, quiero” pasaba por el corazón tantos rostros que me acompañan y sostienen en cada momento, y repito las palabras que dije ese día “me siento un mimado de Dios”. Gracias a cada comunidad tanto de La Rioja como de Córdoba que me educa, forma, pastorea y me enseña a amar.

Soy consciente de que este camino sigue, pero también de que la vocación no es fruto de un esfuerzo individual, sino que se vive y se construye siempre en comunidad, de esto fui testigo ese día.

El diaconado como riqueza de la iglesia

“La iglesia integra una pluralidad de carismas y ministerios, y este ministerio del diaconado permanente es un ministerio específico y necesario en la misión de la iglesia para hacer presente el evangelio de Jesús en el corazón del mundo”.

El diaconado es uno de los grados del Orden Sagrado. El mismo puede ser permanente, esto quiere decir quedar permanentemente al servicio de Dios con dicho ministerio, o transeúnte, es decir aquellos que están aspirando concretar su ordenación sacerdotal o sea la iglesia antes de ordenarlos sacerdotes los ordena diáconos transeúntes.

Este ministerio siempre existió en la iglesia, pero lamentablemente la iglesia prudentemente tomo distancia y solamente fue ordenando diáconos transeúntes. Recién con el Concilio Vaticano II se hace un reconocimiento de este diaconado permanente ofreciéndolo a la iglesia como una gracia que hay que reconocer y valorar, dando la posibilidad que se restableciera en nuestra iglesia latina.

En el horizonte bíblico, Jesús en la última cena se nos aparece como el icono por antonomasia de toda diaconía de toda la humanidad, lavando los pies a sus discípulos.

La iglesia integra una pluralidad de carismas y ministerios, y este ministerio del diaconado permanente es un ministerio específico y necesario en la misión de la iglesia para hacer presente el evangelio de Jesús en el corazón del mundo. Se insiste en esto, porque de ningún modo, esto que es una vocación especifica y propia, debe entenderse como una vocación supletoria, por la falta de sacerdotes y por lo tanto se necesitaría promover esto otro a fin de suplir este ministerio sacerdotal. El diaconado permanente es una gracia propia que nace de la vocación específica, que tiene una identidad propia y que siempre para la iglesia va a significar una riqueza.

En la arquidiócesis de Córdoba, la formación se inició a partir de una experiencia más bien acotada en donde se tuvo como fruto la ordenación de dos diáconos permanentes para nuestra iglesia. A partir de allí se detuvo, recién en el año 2005 se vuelve a valorar dicha formación y ya en el 2007 se la retoma, ordenándose tres diáconos más.

Inicialmente, la formación se basó en varios proyectos, pero recién en el año 2014, se pudo concretar unas líneas para la formación permanente en Córdoba.

La formación consiste en un aspirantado, tiempo previo a la formación inicial, en donde el Obispo va dialogando con cada uno para conocerlo y discernir su ingreso. Luego le sigue la formación inicial, que supone una duración de cuatro ciclos anuales, en donde se va trabajando y acompañando a cada candidato para que adquiera una maduración suficiente para discernir y decidir, en cuatro dimensiones necesarias: humana, espiritual, pastoral y académica. Esta etapa implica también, que el equipo de formación va haciendo periódicamente su evaluación, dialogando con el Obispo.

La idea no está en representar un mini-seminario de vocaciones al sacerdocio sino poder estructurar un plan formativo necesario y adoptado a esta vocación especifica que la iglesia discierne, acompaña, educa a partir de esta formación inicial.

Hay ciertos requisitos, que en su momento Monseñor Carlos José Ñañez marco como necesarios para la formación inicial: tener menos de 55 años de edad, que tenga cursado y aprobado algún seminario de catequesis o alguna instancia similar a la formación de los seminarios que la arquidiócesis ofrece, y para los que tienen el sacramento del matrimonio, es necesario el consentimiento de sus esposas.

La formación, para los que están casados, está abierta para que la compartan con sus esposas; ellas perfectamente pueden compartir cada ciclo o si quieren toda la formación o alguno de los temas específicos que le interesan. Pero, habitualmente se procura que participen junto a sus esposos de las celebraciones litúrgicas y espirituales, como son los retiros y los ejercicios espirituales.

Una vez recibido el orden diaconal, la formación no termina, se prolonga durante toda la vida en lo que llamamos formación permanente. Es encontrarse como diáconos ordenados para poder evaluar, compartir y cotejar con otros hermanos la vivencia de este ministerio.

Actualmente la iglesia de Córdoba cuenta, con mucha alegría, con 15 diáconos permanentes que están al servicio en distintas comunidades.

Damos gracias a Dios y a su Madre Santísima por suscitar tantas respuestas generosas de parte de aquellos que se sienten llamados, como también, la generosidad de todos los formadores que están a cargo, que con tanta habilidad y profundidad han sabido elegir los núcleos más importantes y necesarios para un diacono permanente.

«Parece que fue ayer»

El 10 de diciembre de este año, fiesta de la Virgen de Loreto, un grupo de amigos, delegación de quienes pudieron de un equipo mayor, regresamos al Seminario después de mucha agua pasada bajo el puente y la experiencia justificó el nombre del grupo de Whatsapp que conformamos: ‘Parece que fue ayer’.
Y parece que fue ayer, pero fue hace mucho más. Nos encontramos por primera vez en el año 1982, con una aspiración religiosa común: el sacerdocio.
Y fuimos tantos y tan distintos, que no faltó quien nos apodara ‘La Jungla’. De nuestro curso, solamente, 42 personas.
Con el tiempo muchos dejaron, a otros los fueron, muy pocos se ordenaron. Y de los ordenados algunos perseveraron y otros abandonaron el ministerio.
Desde hace un poco más de un año, gracias a la tecnología que tenemos hoy en día a nivel de comunicaciones, un pequeño grupito que se reencontraron comenzaron la ardua tarea de rastrear al resto. Hoy somos un grupo de whatsapp, pero mucho más que eso… porque también somos los que no quisieron ingresar al mismo y somos los que ya partieron a la casa del Padre.
Aún en la diversidad, como cuando nos trenzamos en alguna confrontación de ideas respecto a temas secundarios, descubrimos que hay muchísimo más en común. Cosas realmente importantes, como lo es una fe que un día nos congregó y ahora, en la creencia de que nada es casualidad, de que hemos sido convocados por la misma voz Paternal para vivir una fraternidad en Cristo.
La experiencia del Seminario nos marcó de por vida y en su seno, hemos experimentado una filiación por parte de una Madre que nos formó en el cristianismo hermanándonos entre nosotros.
El regreso al Seminario, este 10 de diciembre, fue un intento de hacernos presentes ante los demás para decirles: ‘Nosotros también, aquí estuvimos… Y si algún día nos apartamos, no fue porque dejáramos de existir. En nosotros aún late la presencia de Quien nos guía en la vida… Paradójicamente caminamos el mismo Camino por distintos caminos. Y hoy, aquí estamos’
Y como prueba de esto, dejamos en esa hermosa fiesta de la Virgen de Loreto, fiesta del Seminario, una pintura con una imagen de Monseñor Angelleli.
Damos gracias al Padre ‘Michi’ Ríos que nos abrió tanto las puertas de la casa, como las de su corazón. Vivimos un día muy especial, ya que muchos de los sacerdotes presentes se nos acercaron, nos felicitaron, nos hicieron sentir parte. Con ellos compartimos la mesa del almuerzo. Y como si el tiempo no hubiera pasado (a pesar de las canas, peladas, arrugas y panzas)… realmente ‘Parece que fue ayer’.

Actualmente formamos parte de este grupo, y por qué no decir de esta pequeña comunidad: Néstor Barrionuevo, Jorge Gerbaldo, Celso Asusa, Juanjo Cabadas, Pocho Gauna, Hugo Carrillo, Horacio Biaggiotti, Gustavo Lubatti, Oscar Peretti, José Luis Romero, Ricardo Martins, Daniel Trapo Cabrera, Eduardo Gobbi, Francisco Bisio, Pepe Soave, Hugo Arce, Cabo Gomez, Víctor Rosa, Hugo Arce, Luis Gauna, Jorge «el Gallego» Martinez, Gabriel Lascano, y Javier Ladrón de Guevara.

Venimos a ofrecerte de nuevo la vida

¡Venimos a ofrecerte de nuevo la vida! ha sido el canto alegre que atravesó todos los rincones de nuestro Seminario el último tiempo.

Tras días de preparación en oración y en el compartir fraterno, el pasado 14 y 15 de septiembre, hemos celebrado el profundo y renovado  de cuatro seminaristas al llamado de Jesús desde el corazón de la Iglesia.

El día lunes 14 de septiembre, en la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, los seminaristas Axel Barbero y Javier Davicino recibieron, en la persona de nuestro padre y pastor, Mons. Carlos Ñañez, la Admisión al Orden Sagrado.

“La admisión es un paso muy lindo, muy importante, porque decididamente, de una manera más comprometida nos encaminamos hacia la Ordenación Sacerdotal… y la Iglesia confirma ese camino” compartían Axel y Javier en nuestro perfil de Instagram.

Conscientes de su pequeñez, y la constante necesidad de la Gracia del Señor para dar lo mejor de sí al servicio del Reino, recordaron la expresión de San Pablo: “Llevamos este tesoro en vasijas de barro” [2 Corintios 4] encomendándonos sus vidas a nuestras oraciones.

El martes 15 de septiembre, celebrando la memoria de Nuestra Señora de los Dolores presidida por Monseñor Ñañez, el seminarista Diego Castro, recibió el Ministerio del Acólitado, y el seminarista Jairo Andrada el Ministerio del Lectorado.

Diego nos compartía que, como Acólito, la Iglesia le confía “el servicio al Altar durante la Misa y la distribución de la Eucaristía, sobre todo a los hermanos enfermos”. Mientras que a Jairo el ministerio de Lector, lo impulsa a: “unirme más a la Palabra de Dios, como ministro que la debería de proclamar en las celebraciones, pero en lo profundo es: unirme para poder enseñarla… ¡la alegría es inmensa!”.

De este modo se prolonga el sentir y la convicción de nuestra Casa de Loreto: ¡Que nadie se quede fuera de esta Fiesta, la del Amor!!

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