La contemplación del Misterio de la Eucaristía hizo que siempre tuviera un gran respeto hacia todos los sacerdotes, tanto si eran hombres virtuosos, como aquellos que injustamente la trataron mal y la hicieron sufrir. Y esto inculcó a sus Hermanas religiosas y a las niñas del Colegio.

Gentileza del Pbro. Carlos Ponza

María del Tránsito Cabanillas, nació en el Valle de San Roque, Provincia de Córdoba, el 15 de agosto de 1821, fue la tercera de once hijos de Felipe Cabanillas y Francisca Antonia Sánchez.

Desde joven manifestó su preocupación por la Evangelización a través de la catequesis, la caridad hacia los pobres y enfermos, mostrando siempre una gran sensibilidad por los sufrientes. Una de las notas de la espiritualidad de Madre Tránsito fue el servicio humilde y la sencillez característica del franciscanismo que tanto amó e hizo suyo.

Como laica participó de la Tercera Orden Franciscana y en 1859, queriendo entregarse de manera más plena a Jesús, realizó un voto privado de virginidad.

Su hermano Emiliano Cabanillas, sacerdote formado en nuestro Seminario Nuestra Señora de Loreto, fue Rector del Colegio Montserrat. María del Tránsito solía acompañarlo y ayudarle en los quehaceres domésticos cuando los seminaristas iban a Caroya durante las vacaciones. Y así, como cuidaba a su hermano sacerdote, veló maternalmente por aquellos jóvenes, futuros sacerdotes.

En 1870 recibió de Dios la inspiración de fundar una Congregación en donde las Hermanas, llevando una vida de oración y penitencia, alabaran al Señor. Distintas vicisitudes la llevaron a que recién el 8 de diciembre de 1878, se realizara la fundación de las Terciarias Misioneras Franciscanas, en Barrio San Vicente.

En su vida religiosa, el Señor la llevó por el camino de la inmolación, abrazada a Cristo Crucificado. Su itinerario espiritual es el de un alma unida a Jesús, no solo en los momentos de dicha, sino particularmente en las pruebas y humillaciones.

Beata María del Tránsito Cabanillas

Madre Tránsito Cabanillas adoraba asiduamente a Jesucristo presente en la Eucaristía, por eso sufría profundamente cuando, para mortificarla, la privaban de la comunión sacramental.

La contemplación del Misterio de la Eucaristía hizo que siempre tuviera un gran respeto hacia todos los sacerdotes, tanto si eran hombres virtuosos, como aquellos que injustamente la trataron mal y la hicieron sufrir. Y esto inculcó a sus Hermanas religiosas y a las niñas del Colegio.

Falleció en Córdoba, el 25 de agosto de 1885 y fue beatificada por el Papa San Juan Pablo II en Roma el 14 de abril de 2002.

En su fiesta, pedimos a la Beata María del Tránsito Cabanillas que desde el Cielo cuide a los sacerdotes, a los seminaristas y a este Seminario en donde se formó su hermano Emiliano. Que ella interceda para que, sacerdotes y seminaristas, seamos fieles a nuestra vocación.