“Felices más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”Lc.11, 28.

Me llamo Ignacio Loza, tengo 26 años, nací en la Ciudad de Córdoba, hincha de Talleres. Ingrese al Seminario en el año 2016. Estoy viviendo desde el año pasado en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en Villa Allende, allí trabajo pastoralmente con los jóvenes de la comunidad y en Caritas, donde intento ayudar un poco en el trabajo social de nuestra ciudad. Además, estoy cursando el último año de la facultad de Teología en la UCC.

Con inmensa alegría el lunes 15 de agosto recibiré el ministerio del lectorado. Este ministerio que me otorga la Iglesia es un paso significativo del llamado que Dios me hace a consagrar mi vida a Él, en el ministerio sacerdotal. Es volver a decir que si, a este llamado que Dios viene realizando en mi vida y a renovar mi compromiso con la Iglesia en este servicio que me confía.

El lectorado es un ministerio que me confía la Iglesia, en el que me invita a interiorizarme con fidelidad y profundamente en la escucha, anuncio y predicación de la Palabra de Dios. La Palabra para todo cristiano, y de particular manera para los sacerdotes, es el corazón de la propia vida, ya que, si se apaga la Palabra, el cristiano no puede continuar su vida. Además, al igual que el corazón, es el centro de la vida, principio y fin de todo discernimiento cristiano y dialogo con Dios.

Por otro lado, para los seminaristas, recibir estos ministerios que la Iglesia nos va confiando en el trayecto de la formación inicial, es un signo de confirmación al camino que se viene realizando.

Por eso, me atrevo a decirles a los jóvenes que no se priven de vivir el servicio y la fe con libertad, buscando realizar y gastar su vida como lo hizo Jesús. Que se pregunten dónde los llama Jesús a gastar la vida, a dejarlo todo para ser verdaderamente feliz y libres.

Mi vida cambio al darme la posibilidad de servir, de misionar y de creer que, lo que dice el Evangelio es cierto, pero que principalmente es verdad en mi propia vida. Esto lo descubrí al darme la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios, de permitirme creer en que todo lo que me contaban de Jesús era cierto, que la verdadera felicidad esta en servir a los que más sufren y no servirme de los que sufren. Hoy descubro nuevamente que Jesús saca lo mejor de mí, y me invita a vivir la vida al extremo, con discernimiento y escucha permanente, pero a fondo y sin miedos. Sabiendo que el que me guía es Él, y que yo estoy a su servicio. De esta forma me sueño consagrado para toda la vida a Dios.

¿Y a vos? ¿Dónde te llama Dios a gastar tu vida?