viernes, diciembre 2, 2022

“Toda formación del candidato al sacerdocio está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, Buen Pastor. Por tanto, esta formación, en sus diversos aspectos, debe tener un carácter esencialmente pastoral […]; la finalidad pastoral asegura a la formación humana, espiritual, e intelectual algunos contenidos y características concretas a la vez que determina y unifica toda la formación de los futuros sacerdotes” (PDV 57).

La formación pastoral es una instancia formativa orientada a favorecer que los seminaristas vayan poniendo en juego y concretando, en forma paulatina, el envío de Jesús.

La vivencia de diversas y múltiples experiencias les ofrece a los seminaristas los elementos y herramientas específicos del arte pastoral, al tiempo que los anima a hacer propios los sentimientos y actitudes de Jesús Buen Pastor.

Así, por ejemplo, los inicia en el discernimiento evangélico de los “signos de los tiempos”; en el ministerio de enseñar y comunicar la Palabra de Dios; en el servicio de promover y alentar la vida espiritual de las personas y comunidades; en el servicio litúrgico y en el acompañamiento de las diversas manifestaciones de la piedad popular de nuestro pueblo; en la animación de la vida comunitaria y en la conducción pastoral según la espiritualidad de la comunión; en la capacidad para recibir y acompañar a las personas en la búsqueda de los caminos de Dios en sus vidas.

Todo lo cual ayuda a que los futuros sacerdotes vayan descubriendo cómo su respuesta al llamado del Señor va llenándose de rostros; y les permite purificar y profundizar las motivaciones vocacionales.

Al igual que las demás areas formativas del Seminario, también la formación pastoral se presenta como un camino gradual que los seminaristas recorren progresivamente. A su vez, cada etapa particular tiene su especificidad, así como cada persona tiene tambien sus propias características.

Todo lo cual contribuye a que el seminarista tenga la oportunidad de verificar su vocación al servicio apostólico en la Iglesia, conocerse y reconocerse en sus capacidades y límites para la misión evangelizadora, como así también, brindarle la oportunidad de ser acompañado y ayudado en la maduración de su propio crecimiento vocacional y en la respuesta que, día a día, da al Señor.

 

Experiencias formativas Pastorales

Las Misiones permiten a los seminaristas ir creciendo en el anuncio de la Buena Noticia de Jesús. Tienen lugar durante el tiempo de las vacaciones de verano.

La mayoría de los seminaristas se integran con distintos grupos misioneros parroquiales y se suman a su tarea. Junto con otros jóvenes, los seminaristas van al encuentro de sus hermanos para anunciar y compartir la presencia salvadora de Jesús.

Los seminaristas de Tiberiades y Nazaret conforman un equipo misionero que, junto con un formador, van durante el Adviento a una Parroquia para preparar allí, junto con la gente de esa comunidad, la celebración de la Navidad.

Los seminaristas de Cafarnaum, durante unos quince días en el mes de diciembre, residen y comparten la vida junto a un párroco, acompañándolo en su vida diaria y en sus actividades pastorales. Durante esos días el seminarista tiene la oportunidad de entrar en relación cercana y cálida con un sacerdote, recibir su testimonio de vida, conocer algo de una comunidad parroquial.