Hacer del servicio al Reino la razón de nuestra vida

El jueves pasado tuvimos la gracia de vivir como Iglesia Diocesana nuestras ordenaciones diaconales. Todo un proceso vivido en comunión a lo largo de estos años de formación tuvieron como expresión un signo de comunión: por obra del Espíritu Santo, somos servidores del Reino.

Ha sido una bendición vivir con intensidad el ser Iglesia en ese momento de gracia. Somos parte del Pueblo de Dios que peregrina en Córdoba, que tiene «ganas de Reino». Damos gracias al Señor por habernos llamado al servicio en estas tierras cordobesas, con aromas de santidad, con «tonada y alegría» que busca ser hija-hermana y ciudadana.

De la mano de muchos hermanos que nos hicieron «arder el corazón» mientras nos compartían la Palabra y el Pan, fuimos comenzando este camino de discipulado.

¡Gracias Señor por todos ellos! ¡Gracias por nuestras familias, por nuestros sacerdotes, por nuestro Pastor, por nuestros amigos! En ellos y con ellos  hemos descubierto tu pastoreo sereno, fecundo y fraternal. Gracias por tu Madre, la de Loreto, la que siempre está, la del testimonio silencioso y siempre comprometido. Hacenos fieles a tan hermosa y grande misión. Gracias por ser lo mejor que nos pasó en la vida. Amén.

Pablo R. Ardiles