Contanos quién sos, de dónde venís, cómo surgió tu vocación…

Mi nombre es Leandro, nací en el barrio Florida de Vicente López, provincia de Buenos Aires.

Habiendo terminado la primaria, nos mudamos con mis papás a Río Ceballos, Córdoba. Al fin de ese mismo año, por un llamado de Monseñor Baseotto, nos fuimos a vivir a Añatuya para colaborar con las obras y la animación de la caridad en aquella ciudad de Santiago del Estero, de las diócesis más pobres del país. Allí compartimos vivencias muy significativas con la gente y, a la vez, fuimos testigos de sus situaciones más apremiantes. Desde Añatuya el Señor me mostró la fragilidad de su pueblo y a la vez su cercanía y compasión: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo de la mano de los egipcios y para subirlos de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; una tierra que mana leche y miel…” (Ex 3, 7-8). Ciertamente, esta experiencia quedó grabada en mi joven corazón. Yo tenía sed de esa tierra y andaba desarraigado. Yo buscaba mi tierra, la tierra prometida que calmara y diera seguridad a mis necesidades. Hoy reconozco que mi tierra prometida es Jesús, mi compañero de camino, mi compañero de mudanzas.

Luego de 3 años intensos volvimos a Río Ceballos donde terminé la secundaria y comencé la facultad. En Río Ceballos hice experiencia de la fe que se vive y crece en la comunidad. Por medio del servicio de la música me vi llamado por Jesús a ser instrumento suyo. En aquel momento me sentí llamado a ayudar en las misas con la música y el canto para que otros puedan encontrarse con Jesús. Recuerdo que Él me atraía, se me hacía atrapante su Palabra y me encantaba escuchar de Jesús en las homilías. También me entusiasmaba mucho trabajar por una Iglesia más viva, y una parroquia “comunidad de comunidades”. La vida de la comunidad me ayudó a hacer experiencia de Dios y de mis hermanos. Ella me lanzó a la vida de los demás. Antes de ingresar al Seminario, también viví un proceso de crecimiento lleno de vida y entusiasmo: estudiaba en la facultad (aunque descubría que no era lo que me apasionaba), participaba del coro parroquial, la catequesis, el seminario de catequesis, el grupo de jóvenes, jugaba al futbol en la liga de la ciudad, participaba en el coro municipal y en el de la facultad, trabajé limpiando piletas y por ultimo de administrativo en un estudio jurídico. Buscaba amar y ser querido. Ya en la facultad tuve un enamoramiento. Asimismo vivía un tiempo de inquietud y duda vocacional. La presencia y compañía del Padre Chobi me ayudó a encausar mi atracción por Jesús, su vida y compañía a lo largo de mi historia.

¿Como viviste tu formación en el seminario?

El Seminario fue un tiempo intenso y muy feliz para mí en el que pude hacer experiencia de Jesús y mis hermanos. La vida en comunidad fue la que otra vez me fue formando el propio corazón. Allí pude reconocer mis fragilidades, inconsistencias centrales y a la vez los dones de Dios que me ayudaban a desplegar mis mejores capacidades.

El seguimiento de Jesús en el Seminario significó para mí un camino pascual, donde el pecado y el desencuentro nunca tienen la última palabra. Ellos aparecen como una oportunidad inédita para abrirme con fe a un camino de reconciliación y libertad más profunda.

Hoy reconozco que el Seminario me puso de cara al corazón de Jesús para acercarme desde Él al corazón de mis hermanos. Me ayudó a conocerme y “laburarme”, es decir, me ayudó a ser discípulo-misionero de Jesús y a crecer en libertad.

¿Qué esperas de tu vida sacerdotal?

Espero que Jesús siga siendo, cada vez con mayor fuerza, el todo de mi corazón. Estoy enamorado y espero seguir creciendo en esta amistad con Él. Me apasiona su vida y espero que su mirada, su misericordia y su coraje para dar la vida hasta el extremo de la cruz me capten la propia mirada y el corazón entero para, con Él, entregarlo en el servicio cotidiano. Espero no perder la memoria de los momentos de encuentro con Él. Quisiera, desde mi pobreza y desde mi originalidad, seguir aprendiendo de su corazón compasivo, del testimonio de mis hermanos curas y del sentir de la gente. Deseo estar siempre abierto a emprender caminos siempre nuevos que tengan como horizonte la misma promesa que me captó ese joven corazón: Jesús, mi tierra prometida.

¿Qué le dirías a un joven que se plantea la vocación sacerdotal?

Si tenés inquietudes o alguna vez te planteaste la posibilidad de la vocación Sacerdotal no tengas miedo al discernimiento. Dejate encontrar por Jesús, abrirle el corazón y poné tu propia historia delante de su mirada tierna y comprometedora. Jesús nunca la desprecia, al contrario. Pasá tiempo con Jesús en la oración; con su Palabra; en el encuentro con tus hermanos, en especial con los que más sufren (intentá captar en los ojos de ellos el anhelo más profundo de su corazón).

Dejate amar por Jesús, Él no quita nada, Él lo da todo. Sólo así podrás descubrir quién eres. Sólo así podrás percibir tu propia vida ofrecida en el corazón crucificado de Cristo que no se cansa de dar su vida para la vida del mundo.

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