Jairo querido. En primer lugar, muchas gracias por recibirnos y brindarnos tu tiempo en estos días que, seguramente, andas de aquí para allá, preparando todo para la celebración que se avecina.

Teniendo en cuanta que ya estamos a días de tu ordenación diaconal –momento que seguro habrás esperado y soñado durante tanto tiempo–, y pensando en aquellas personas que se alegran por el  “Sí” que das a Jesús, pero que no han tenido la oportunidad de hablar con vos, ¿cómo te presentarías ante ellos? ¿Qué te parece que tendrían que Saber de Jairo?

Soy Jairo Andrés Andrada y tengo 28 años, soy el tercero de cinco hermanos. Mis papas se llaman Adrián y Fabiana, y mis hermanos Nahuel, Elizabeth –que  falleció muy chica–, Aylén y Neyen.

A los 16 años comencé a participar activamente de la parroquia San Nicolas de Bari de barrio Talleres, donde tuve mi primer encuentro con Dios participando del grupo juvenil TK. En esa comunidad fui catequista de confirmación y beneficiario del grupo Scout 803 “Sagrado Corazón de Jesús”.

Actualmente estoy viviendo y trabajando en la Parroquia de Fátima y Parroquia Buen Pastor, en la ciudad de Alta Gracia, junto al padre Leandro Arias.

¿Cómo crees que impactó este llamado a la vocación sacerdotal en tu familia?

En algún sentido, es difícil poder describir cómo impacto la vocación en mi familia. No creo que al comienzo haya sido una decisión que les fuera sencilla de aceptar, pero siempre tuve la certeza de que me acompañarían. Mis papas siempre me dijeron que termine el secundario, y sin importar cual fuese la decisión que tomara después, ellos me acompañarían.

Creo que, con el correr de los años, fueron aceptando mi decisión. Sobre todo al ver que este camino realmente me hacía –y me hace – plenamente feliz, y me ayudaron mucho a poder discernir con total libertad. Realmente fueron un pilar muy firme en los momentos de duda, y un cable a tierra cuando se me subían los humos.

¿Qué es el diaconado? ¿Qué significa dar este paso hacia el diaconado?

Ya que el diaconado es la consagración al servicio del Evangelio y la caridad, como diácono se nos confía la celebración de los bautismos, celebrar los casamientos y oficiar los responsos. Por esto, en lo personal, creo que es la consagración definitiva al Reino de Dios, y si bien el diaconado en mi caso es temporal hasta la ordenación sacerdotal, ya tiene el peso de entregar la vida al servicio de Dios y la Iglesia. Es por esto que lo vivo con mucha intensidad y ansiedad ya que es un “si” para toda la vida, a la vez que es la decisión que me trae más felicidad.

¿Con qué Iglesia soñás?

En relación a todo lo anterior, es que sueño con una Iglesia testimonial y kerigmatica, donde cada bautizado pueda sentirse parte y responsable de ella. El anuncio del evangelio es una tarea que nos incumbe a todos los que formamos parte de la Iglesia desde el bautismo, pero en muchos casos siento que esta tarea la asumimos como deber solo de los consagrados y no debería de ser así, ya que la misión de todo bautizado es la de anunciar el Reino de Dios.

La participación de cada persona en la labor evangelizadora es esencial, por lo que sueño con una Iglesia donde cada persona pueda encontrar su lugar. Asumo que tal vez se trate de un sueño utópico e infantil, imposible para nosotros, pero creo para Dios no lo es, aunque cada uno tiene que tomar parte de esto y caminar en comunión.

Nuevamente, Jairo, gracias por tu tiempo. Rezamos por vos…