¡Hace cuánto que no vamos a una fiesta! Celebrar la vida, compartir, alegrarse en compañía de otros. En este tiempo complejo y desafiante, experimentar en el corazón la alegría de una fiesta no es fácil. Parece habernos quedado sin alegría. Y nos pasa ahora y nos sucede también en distintas etapas y circunstancias de la vida.

Por ello, hemos acudido al Señor y a nuestra Madre María. Como comunidad del seminario, nos hemos tomado 3 días de oración intensa, 3 días de retiro, de ejercicios espirituales.

En estos 3 días de ejercicios espirituales, nos acompañó Fray Pablo Ordóñez, de la Orden de los Mercedarios. Quien nos invitó a rezar desde el ícono de las Bodas de Caná (Juan 2, 1-12), recordando aquella fiesta a punto de terminarse porque no había más vino, con la intervención de María, el obrar del Señor, recordando el milagro que aconteció: aquellas 6 tinajas vacías que terminaron rebozando de vino, signo de la alegría.

El lema que nos animó en la oración fue: «La fiesta no puede acabar, ya es la hora» en consonancia con el horizonte que se propusieron a vivir los religiosos y religiosas de latinoamérica (CLAR – Confederación Latinoamericana de Religiosos) entre 2019 – 2021.

Cada vez que alguien nos predica un retiro, nos comparte su experiencia de Jesús, nos da testimonio de las maneras en que el Señor se reveló en su vida, y así fue también en esta oportunidad. Tener la posibilidad de compartir estos días con el P. Pablo, fue de mucha riqueza, aprender de su carisma, de sus experiencias pastorales. Nos propuso momentos de diálogo y encuentro entre nosotros, para compartir la Palabra, experiencias personales y búsquedas.

Podemos decir que terminamos muy contentos y agradecidos por lo compartido, nos renovó en la alegría de Caná, nos invitó a llenar el corazón de ese sentimiento de fiesta que sucede cuando alguien se encuentra con el Señor y su misericordia. Nuestras tinajas vacías se llenaron de esperanza y fe en el Señor de la Alegría, renovando nuestra devoción a María que no deja de darnos sus cuidados maternales.

A continuación el P. Pablo nos comparte lo que vivimos en esos días: