Mc 10, 35-45

Dios quiso estar tan cerca de nosotros que se hizo uno entre nosotros. Tan cerca que compartió nuestra carne, nuestros dolores y alegrías. Para iluminar esta cercanía imaginemos que vivimos en una casa muy pobre, pequeña y tuviéramos hambre y un día invitáramos a un amigo a vivir con nosotros, él haría la misma experiencia que nosotros, viviría en la misma casa, tendría el mismo hambre, sentiría el mismo frío, se identificaría con nuestra historia.

En el evangelio, Jesús está movido por un deseo de unidad y servicio. Los discípulos entienden otra cosa, buscan distanciarse del resto, quieren ser primeros, quieren lugares y viven la lógica del escalón más arriba. Le pidamos a Dios que nos mueva el deseo de unidad, de querer ser como el otro, de identificarse con su realidad y de estar dispuestos a morir por él. El evangelio de hoy es una invitación a hacer un cambio de mirada nos propone pasar del utilitarismo al servicio.