Mc 8,27-35

En el evangelio de hoy, Jesús se muestra con sus discípulos, y les hace una pregunta que nos deja mucho en que pensar: ¿Quién dice la gente que soy? Como la Palabra de Dios no pierde vigencia en la actualidad, podríamos trasladar la pregunta al día de hoy: ¿Qué pensamos nosotros de Jesús? Sabemos que el vino a salvarnos y redimirnos, por ser el Mesías, como confiesa Pedro; pero, ¿Qué más podemos decir nosotros? Muchos dirán que fue un gran profeta, otros dirán que fue un simple hombre, pero los que creemos en Él, diremos que Jesús es Dios, nuestro amigo, nuestro compañero. El guía nuestros pasos y nos anima a vivir según su palabra, para crecer en santidad y en el amor por los demás.

Él nos dice que por nosotros mucho tenía que sufrir, pues el plan de salvación fue perfecto, pero cargado de dolor, un dolor que terminó en la Cruz. Hoy para seguir a Jesús también tenemos que repetir sus dolores, pues cada cristiano deberá llevar la cruz dejando las comodidades, viviendo los dolores de nuestra vida y recordando los dolores de Cristo para hacer más pasajeros los nuestros.

Jesús también nos hace un hermosa pero muy comprometida invitación: “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga, porque el que quiera salvar su vida la perderá, y el que la pierda por mí la ganará”.

Siempre debemos ir detrás de Jesús, ese Jesús que es luz de nuestro andar, con el compromiso de gastar nuestra vida, pues no hay nada en el mundo ni en el hombre que sea mejor que Dios y consumirnos por el hermano que necesita de Él. Pidamos a María, Madre de Dios y Madre nuestra, que siempre sea Ella quien nos anime a mirar a Jesús, a dejarlo todo y seguir sus pasos.

Feliz Domingo.