Mc 7,1-8.14-15.21-23

¡Hola! ¿Cómo estas? Que lindo que puedas compartir con nosotros la palabra que este domingo el Señor tiene para contarnos…

Que duro es este leguaje” (Jn 6, 60), puede sonar en nuestra cabeza cuando leemos el pasaje de este domingo. Sin embargo, Jesús vuelve a interpelarnos en nuestra conciencia, nuestro corazón. Denuncia de manera contundente como lo ha venido haciendo a lo largo de la semana, la hipocresía de los grupos rigurosos de su época: Fariseos y saduceos, que cayeron en meras acciones externas enfriando su corazón.

Pero las palabras del Señor a pesar de haber sido pronunciadas hacen más de 2 mil años siguen teniendo eco en nuestro tiempo. La palabra de Dios, nos saca de nuestras comodidades, nos mueve, nos interpela… Porque a pesar de que externamente tenemos cosas que hablan de Dios, pocas veces (lamentablemente) lo tenemos presente en lo cotidiano y a veces a causa de nuestras fragilidades, corremos el riesgo de que el corazón se empiece a entibiar.

¡Pero no debemos caer en la desesperanza! El Evangelio que suena en la Iglesia en este domingo, como toda Palabra de Dios, es palabra de esperanza que da vida. Seamos felices de haber podido escuchar al Señor, pidámosle la gracia de poder albergarlas en nuestro corazón y con confianza que nos ayude a poder llevarla en acciones concretas como “las semillas que cayeron en tierra buena y dieron fruto” (Mt 13, 8). Que la virgen de Loreto nos acompañe… Buen y bendecido domingo.