Mc 6,7-13

Como veíamos en la lectura del domingo pasado, Jesús es rechazado por los suyos en Nazaret, y por la falta de fe de las personas, no puede obrar como Él quisiera. Esto no detiene su misión, sino que llama a sus discípulos y los envía a anunciar su mensaje de misericordia, a ser testigos de su amor. Los envía de dos en dos, como signo de caridad fraterna y como testimonio del anuncio verdadero.

Jesús les ordena que vayan con lo puesto, sin provisiones, confiados a su providencia. Lo que necesiten se les dará en el momento indicado, como un signo de sencillez, sobriedad y pobreza. Y luego les advierte que pueden ser rechazados, pero que eso no detenga su obra, sino que, lo acepten con buena voluntad.

Qué lindo pensar que hoy, vos y yo estamos llamados a ser testigos del amor de Dios, a  anunciar lo que Jesús ha obrado en nuestra vida y comunicar la experiencia personal de ese Amor, que como cristianos estamos llamados a compartir. Somos enviados entonces, a compartir la experiencia de amor de Jesús que nos ama, nos acompaña y está con nosotros, en donde sea que estemos.

Nos envía a que seamos portadores de su mensaje en el lugar donde nos toque estar, en nuestro día a día. Nos da el poder de vencer ese mal espíritu que nos paraliza y no nos deja llegar al encuentro del hermano. Hoy, con un gesto simple y sencillo, un abrazo, escuchando a alguien, dando una palabra de aliento, preocupándonos por el otro, y no por nosotros mismos; podemos ser portadores de ese mensaje de Cristo y transformarle el día a alguien.

Nos puede pasar que seamos rechazados, que no crean en nuestra buena voluntad, que juzguen nuestra acción, lo mismo que a Jesús. Nuestra tarea será no bajar los brazos, sino todo lo contrario: seguir para adelante, confiando en la fuerza que nos regala Aquel que nos invitó a seguirlo.