Lucas 9, 51 – 62

Buen Domingo para todos!

En el Evangelio de este domingo, nos encontramos con el Señor que camina decidido a cumplir la misión, la finalidad para la cual se encarnó en el seno de María. Camina hacia Jerusalén, ciudad donde consuma su vocación, se entrega en la cruz, y nos deja el memorial de su cuerpo y su sangre.

Jesús sube a Jerusalén para cumplir con su llamado, pero el camino no le es fácil, de hecho, como relata el Evangelio, se le cierran las puertas en un poblado de samaritanos.

La intención de ir a Jerusalén es bien sabida por el Señor: dar la vida por nosotros. Nosotros somos llamados a dejar la comodidad, la tranquilidad que supone nuestra vida, a tomar con nuestras manos el arado y no mirar hacia atrás.

Mientras se encamina hacia su meta, Jesús anuncia a los diversos personajes con los que se encuentra en el camino cuales son las “condiciones” y las “consecuencias” de aquello que implica seguirle, ser su discípulo. Por tanto, podemos ver que seguir a Jesús trae consigo no tener un lugar donde vivir de manera estable, poder despojarse  sanamente de los distintos afectos, siendo libre y respondiendo al llamado de manera personal. Y finalmente, no caer en la tentación de atarse al pasado.

Hermanos queridos, somos llamados por el Señor a seguirlo. Caminar a su lado es a veces complejo. En Jerusalén, como sabemos, a los ojos del mundo Jesús termina en la cruz, su vida y prédica parecen silenciados por lo estremecedor de un madero y un Dios que muere.

Cabe en nosotros la pregunta, ¿quiero ese final para mí? Si él, siendo Dios, termina así, ¿qué será de mí? La respuesta, es la esperanza firme de la resurrección, de que la muerte no tiene la última palabra ni significa, para los cristianos, el final, sino el inicio de una vida nueva, acogidos en sus brazos, cercanos a su corazón amoroso y misericordioso. El dejarlo todo por él, es apostar por un amor sin límites que va más allá de cuanto conocemos, y que significa, a fin de cuentas, en el darnos todo por y para todos.

Que el Señor los bendiga, y su madre de Loreto nos acompañe. ¡Buen domingo para todos!