En este V domingo de Pascua Jesús se nos revela como la verdadera vid y el Padre como el viñador. De la misma manera que el anterior domingo, el Resucitado nos llama y nos invita a permanecer en él. Este permanecer implica estar unido a Él como los racimos de la uva a la vid; sabiendo que sin Él nada podemos hacer.

Hay una clara insistencia del Señor a permanecer ya que más de una vez repite este llamado e invitación que no es solamente a seguirlo sino a estar unido a Él. Este permanecer es condición para dar frutos y de los buenos. Sabemos que sin Jesús nuestra vida se volvería vana y sin sentido; no podemos caminar solos, necesitamos de ese pastor que nos conduzca.

En nuestra vida podemos llegar a experimentar los dolores que ocasiona esa “poda” de la que el evangelio nos habla, de la misma manera que la planta lo sufre, también nosotros, pero sabemos desde la Fe que es necesario soltarnos de aquello que obstaculiza nuestro permanecer en Jesús. Necesitamos desprendernos de esas ramas secas que en nuestra vida tenemos y que no nos permiten que la Gracia penetre de verdad en nosotros.

No tengamos miedo de florecer y dar frutos ya que por ellos seremos reconocidos. Nuestros frutos son consecuencia de nuestro camino discipular y sabemos que quien escucha la voz del pastor y decide seguirlo permanece unido a Él y Él a nosotros. Quien permanece unido al Señor da frutos abundantes.

Que en esta situación de pandemia podamos descubrir un tiempo oportuno para que nuestra Fe vuelva a florecer y aprendamos a descubrir esos rostros de tantos hermanos que necesitan alimentarse con nuestros frutos.