Evangelio de Juan 10, 11-18

En este IV Domingo de Pascua, junto a toda la Iglesia, celebramos el domingo del Buen pastor. Cada año se toma un fragmento distinto del discurso del Evangelio de Juan, capítulo 10.

En este discurso Jesús se presenta como el “Buen Pastor”, este adjetivo “Καλός” (bueno) no solo se resume en la bondad, sino también desde una perspectiva distinta se puede entender como “hermoso, bello”, pero a su vez como lo “auténtico o verdadero” en contraposición con lo “falso o solo aparente”. Esto trae a la memoria por lo menos dos momentos en el antiguo testamento que hacen mención de la figura del pastor; el Sal 23 donde Dios es reconocido como el Pastor del pueblo de Israel y Ez 34 en esa fuerte profecía contra los falsos pastores, aquellos que debían de custodiar y guiar al pueblo, pero se apacentaron a ellos mismos.

Jesús se revela como el verdadero Pastor, el pastor que conoce-ama a sus ovejas, no solo al rebaño sino a cada una en particular y da la vida por ellas, no como el asalariado que las descuida cuando viene el peligro.

Esta comparación entre el verdadero pastor y el asalariado es muy fuerte dejando en evidencia la motivación de cada uno. Por su lado, el asalariado que lleva adelante su misión por interés y remuneración y que no termina de reconocer a las ovejas como propias porque le pertenecen a alguien más; y por otro lado el verdadero pastor que las cuida y atrae por amor, que las conoce y ellas lo conocen, poniendo de referencia el conocimiento mutuo entre el Padre y el Hijo, que como sabemos no es un conocimiento vacío, sino una unidad en el Amor, un amor que se derrama y entrega.

La Iglesia en este domingo reza particularmente por las vocaciones al ministerio sacerdotal y las de especial consagración, para que Dios siga llamando a personas que tengan un corazón dispuesto a tener los mismos sentimientos del Verdadero Pastor y que puedan en esto seguir con el mandamiento que Jesús dio a sus discípulos “ámense los unos a los otros como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn.15, 12-13). Pero este llamado no se puede limitar solo a los que tienen la vocación al ministerio o la vida consagrada, estamos todos llamados a tener los mismos sentimientos del pastor y todos necesitamos que Él nos guie, nos acompañe y nos de su protección.

Que este día también nos ayude a poner en manos de Dios nuestro propio llamado, nuestra vocación en manos del verdadero pastor.