Lc 3,1-6

“Preparen sus caminos”

Cuando rezaba con el Evangelio que nos propone la Iglesia para este domingo, me quedaba con la frase “preparen sus caminos”. Y en esta frase descubría dos claves que nos pueden ayudar este domingo y en este tiempo de adviento.

En primer lugar, descubría una clave más personal, porque esta frase es una invitación dirigida a cada uno de nosotros. ¿Qué caminos debemos preparar? Cuando celebremos la Navidad, no sólo recordaremos el nacimiento de Jesús en Belén, sino que también celebraremos este Dios humilde, pequeño, niño que quiere nacer en nuestros corazones y en el seno de nuestras familias y comunidades. Pero para esto, hay que preparar los caminos de este Dios que quiere habitarnos, y llenarnos con su presencia tierna. Los caminos que se nos invitan a preparar son los de nuestra propia vida, aquellos caminos que llevan a lo más interno nuestro, a nuestro corazón. Deberemos quitar piedras o malezas, allanar, enderezar ciertos senderos, embellecer el camino, hacerlo más “transitable”. Esto lo podremos llevar adelante haciendo todo aquello a lo que la Iglesia nos invita: rezando, estando atento al hermano, tendiendo la mano a los otros, sobre todo los más frágiles, abriéndonos a la misericordia de Dios, etc.

Por otro lado, descubría una clave comunitaria y misionera. Así como lo hizo Juan el Bautista, nosotros también estamos invitados a gritar que la salvación está cerca y que preparen los caminos porque el Redentor llega. Dios se vale de nuestra voz y nuestro ejemplo para que cada vez más hombres y mujeres se animen a preparar los caminos de su vida para que Jesús los habite en esta Navidad. El tiempo de adviento es también tiempo de anuncio, de misión, de contar esta Buena Noticia: Jesús viene a quedarse nuestros corazones y trae consigo la salvación y la paz.