Lc 21, 25-34. 34-36

En las señales de la luna y las estrellas podemos ver que la creación reconoce al Hijo de Dios, Jesucristo, como aquel que espera toda la tierra; y se pone de pie para darle gloria a su Señor.

Jesús por su parte viene sobre una nube, manifestando su gloria como lo hizo Yahvé con Moisés en la tienda del encuentro, “…la gloria del Señor se apareció en la nube.” (Ex. 16, 10). Yahvé vino al campamento de los israelitas a poner su morada en medio de ellos, en la tienda del encuentro, hoy con Jesús podemos encontrar un paralelo. Él viene lleno de gloria y majestad a habitar en cada corazón.

No nos detengamos a pensar el fin de los tiempos como algo tenebroso que quitará nuestra paz; ¿eso vendría de parte de Dios, del Jesús que nosotros conocemos? Creo que no; confiemos más bien en sus palabras cuando oraba al Padre por nosotros diciendo: “Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.” (Jn. 17, 9)

En conclusión, preparemos el corazón y, llenos de confianza, recibamos a aquel que llega lleno de gloria y que decide en esta navidad nacer en el pesebre humilde de nuestro corazón.