Jn 18,33b-37

Al rezar y meditar este Evangelio, encontraba un punto que me resultaban interesantes destacar: aquello que está implícito en este diálogo que tiene lugar entre Pilato y Jesús – Jesús y Pilato, acerca del poder que un hombre puede tener sobre otro. Pilato lo expresa claramente: “Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos” (Jn18, 35b). En Jn 19, 10b, la escena se repite aun más claramente: Pilato dice a Jesús: “No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte”. Por lo tanto, entre Pilato y Jesús podemos encontrar una marcada diferencia en la manera en que entienden el tener poder, el tener autoridad, y lo podemos describir por medio de tres características:

1- Poder/ autoridad: Para Pilato –y en él podemos reflejar también la mirada del mundo–, esto puede significar estar por encima de los otros, ser obedecido, ser respetado –a partir de la imposición del respeto que la propia autoridad genera en los demás–; para Jesús, por el contrario, este poder y/o autoridad significaba pararse en medio de la gente y enseñarles acerca del reino de Dios, dar órdenes a los demonios y que estos le obedezcan (Mc.1, 21-27), imponerse a la enfermedad y sanar a todos los que acudían a él (Lc2, 11), entre otros ejemplos.

2- Riqueza: esta riqueza puede significar tener dinero suficiente y hacer lo que quiera, ir donde quiera, hacer cuanto tenga ganas, sin que nadie se oponga, sin limitaciones, y sin ser cuestionado. Para Jesús la riqueza está en el amor, en poner ese amor en movimiento, en hacerlo dinámico mediante la práctica de la virtud de la caridad; en poder jugármela de corazón en todo momento, en toda actividad, ante toda persona.

3- Servicio: quizás el mundo nos venda la ilusión de que, ponernos al servicio, es tener que soportar la indiferencia, el maltrato, ser rebajados, tener que agachar la cabeza. Sin embargo, para Jesús, ponerse al servicio es lavar los pies de sus discípulos (Jn.13, 5), hacerse el último de todos, y servidor de todos (Mc.9, 35), es decir, tener gestos de amor y servicio para con todos, llegando a poner en juego el corazón, disponiéndose a hacer incluso aquello que me desagrada, que me disgusta, pero hacerlo por amor.

En este día en que celebramos a Cristo Rey, le pidamos confiados a nuestro Señor que nos conceda la gracia de poder utilizar todo nuestro poder/autoridad y las riquezas que nos han sido concedidas por los dones que hemos recibido del Espíritu Santo, para ponerlas siempre al servicio de los demás, para que sea Jesucristo quien reine en nuestras vidas y en nuestros corazones y podamos ser reflejo de su amor, su misericordia y su infinita bondad.

Amén.