“Jesús subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. Instituyó Doce, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar” (Mc 3,13-14). Esta escena, sencilla y trascendente, se actualiza constantemente a lo largo de la historia de la Iglesia en la invitación que el Señor dirige a hombres -jóvenes y adultos- para seguirlo y participar de modo peculiar en su obra salvadora.

El Seminario es el lugar en donde se concreta esta experiencia formativa con el Señor. Antes que un espacio físico, el Seminario es un ámbito de vida y de intimidad con Jesús en unión con todos los que ha llamado junto a sí. Es lo que procura poner de relieve, entre otras cosas, el Proyecto Formativo del Seminario Mayor Nuestra Señora de Loreto que tengo el agrado de presentar, y que es el resultado de un largo y comprometido trabajo de elaboración por parte de los formadores a partir de una amplia consulta a diversos miembros del Pueblo de Dios, en diálogo permanente con el Arzobispo.

El Proyecto responde a las orientaciones y a los requerimientos de la Iglesia formulados en la exhortación apostólica Pastores dabo vobis y en el Plan Nacional para la formación en los seminarios en la Argentina.

Quisiera mencionar brevemente algunos de los principales logros de este Proyecto. Ante todo, el de destacar con nitidez la finalidad de la formación sacerdotal: contribuir a forjar el pastor que el mundo y la realidad de Córdoba requieren hoy. También, el de  señalar la necesidad de la integralidad de la formación que favorece el desarrollo de personalidades armónicas y sale al cruce de la fragmentación propia del momento actual.

En el marco de la integralidad mencionada, el Proyecto subraya asimismo la importancia de la dimensión humano-afectiva en la formación sacerdotal. Hemos de reconocer con sinceridad que una atención insuficiente a este aspecto ha contribuido a generar en diversas ocasiones no pocas dificultades en la vida de los pastores con considerables repercusiones en las comunidades.

El Proyecto pone de relieve la necesaria conexión y dependencia de la formación inicial con respecto a la formación sacerdotal permanente, que es como el ideal al cual debe tender y para el cual el Seminario debe preparar a los futuros pastores. Por tratarse de candidatos a incorporarse al clero secular dicha formación debe procurar, además, profundizar qué significa la secularidad en sus existencias sacerdotales y cuáles son las vinculaciones espirituales y pastorales del futuro sacerdote con la Iglesia local, con el Obispo y con el Presbiterio. El Proyecto propone caminos para avanzar en esta dirección, lo cual es sumamente positivo.

El Proyecto es un instrumento pedagógico, eminentemente práctico: señala los objetivos de la formación sacerdotal y de cada etapa de la misma. Indica los medios convenientes para alcanzar dichos objetivos y postula la necesaria evaluación para verificar la asimilación del mismo. A través de los proyectos personal y comunitario de vida incorpora también la identificación y la utilización de los “indicadores” que son como las señales que van manifestando si el proyecto es correctamente asumido y en qué medida se lo está aprovechando, todo lo cual no puede sino contribuir a un mejor desarrollo de la tarea formativa.

El Proyecto formativo destaca la importancia de la Eucaristía y de la Palabra. La vida del futuro pastor debe, en efecto, estar modelada por el anuncio y el testimonio del evangelio y por la asociación vital al misterio pascual de Jesús que celebra cotidianamente. La espiritualidad de comunión, asimismo, debe animar toda la tarea de la formación sacerdotal y ser como una escuela de maduración del futuro pastor, a la vez que un criterio prioritario de discernimiento de su idoneidad para ese ministerio. Sólo animados por ese espíritu de comunión se podrá afrontar adecuadamente el desafío de “navegar mar adentro” y de anunciar de manera creíble el evangelio en este inicio del tercer milenio del cristianismo.

El Proyecto, por fin, destaca una característica que debe impregnar toda la tarea del Seminario: el cultivo atento de la libertad responsable. El futuro pastor debe ser alguien que a lo largo de su formación al madurar como hombre y como creyente va ganando en una auténtica autonomía que no está reñida con una sincera y cordial “referencialidad”. Señalar este criterio es también algo sumamente valioso.

Al proponer este Proyecto de nuestro Seminario Mayor abrigamos la esperanza que sea un instrumento útil, que oriente y haga fecundo el trabajo de todos y que ayude a preparar adecuadamente a los futuros pastores de Córdoba y de las Iglesias hermanas que confían sus seminaristas a nuestro Seminario. Experimentamos también el anhelo que la Arquidiócesis -particularmente su presbiterio- se sienta involucrada en esta hermosa tarea de contribuir a la preparación de los nuevos sacerdotes que presidirán nuestras comunidades. Es nuestro vivo deseo -finalmente- que formadores, seminaristas y todos los que colaboran directamente con la labor del Seminario se sirvan de este Proyecto y al ponerlo cuidadosamente en práctica lo completen y perfeccionen constantemente.

A María Santísima, que en Nazareth acompañó la preparación del Sumo y eterno Sacerdote para el cumplimiento de su misión salvadora, le pedimos que proteja nuestro Seminario que se honra de tenerla por Patrona y le alcance la gracia de estar a la altura de los desafíos del momento actual sirviéndose también de la implementación de este Proyecto formativo.

+ Carlos José Ñáñez

Arzobispo de Córdoba

Descargar Proyecto Formativo – Seminario Mayor de Córdoba