Desde la parroquia Crucifixión del Señor, en el barrio Müller, Córdoba Capital, el P. Mariano Oberlin descubrió que con pequeños gestos se puede ayudar a cientos de jóvenes que todos los días luchan para escapar de la droga y de las redes de narcotráfico.

Su vocación se tradujo en un enorme trabajo comunitario, del que se benefician cerca de 500 jóvenes de la zona que asisten a talleres de oficios y espacios de distensión. Además, creó dos hogares en donde viven 15 chicos que realizan su proceso de recuperación de adicción a las drogas. A través de estas acciones, Mariano busca que “vuelvan a enamorarse de la vida”.

El P. Mariano nació en B° Comercial, Córdoba, en donde vivió hasta los 21 años, cuando decidió ingresar al Seminario Mayor de Córdoba. En el año 2010, después de pasar por distintas parroquias, llegó a la Parroquia Crucifixión del Señor, barrio Müller – Maldonado, donde está actualmente. En este lugar, además de las tareas habituales, han trabajado con la comunidad en brindar opciones a los jóvenes que padecen situaciones de exclusión y marginalidad, en muchos casos vinculadas también al consumo problemático de drogas. Hoy cuentan con varios talleres de oficios, culturales, deportivos y recreativos, que reciben alrededor de 500 jóvenes del sector. También tienen dos espacios en donde viven 15 jóvenes que están haciendo su proceso de recuperación de la adicción a las drogas.