Testimonio sobre la experiencia de Ejercicios Espirituales 2020

Cada año, en el mes de febrero, la comunidad del Seminario Mayor de Córdoba se reúne en Los Molinos para la convivencia de verano que da inicio al año formativo. En este marco, los seminaristas nos disponemos a vivir –de domingo a viernes- los “Ejercicios Espirituales”. Un tiempo de silencio, de escucha y de oración para poder encontrarnos con Dios y confrontar nuestra vida y vocación con Aquel que es Camino, Verdad y Vida, su Hijo Jesucristo, nuestro Buen Pastor.

A lo largo de la vida hay acontecimientos que no se pueden entender o discernir sólo desde la razón, por muy desarrollada que se tenga ésta, sino desde la fe, desde el encuentro con el Resucitado. Por eso, es necesario acercarnos a Dios con tiempo y paciencia, y desde él, indagar en nuestro corazón para saber cómo está la llama de nuestra fe y reavivarla continuamente. Los Ejercicios Espirituales,  guiados por un predicador, nos ayudan por medio de meditaciones diversas a conocer mejor a Jesús para poder amarlo y servirlo con más amor y entrega. También nos ayudan a conocernos mejor a nosotros mismos en nuestras capacidades y fragilidades y conocer, lo que Dios quiere para nuestra vida.

Nos comparte Javier, seminarista del sexto año de la formación:

La mayoría de las experiencias de la vida espiritual no se pueden transmitir con palabras. Se nos escapan, como quien querría aprisionar los rayos del sol. El acceso a la trascendencia sólo es posible desde la confianza del pobre que confía porque se siente amado. Desde esta confianza intentaré compartir algo de lo vivido en los últimos Ejercicios reconociendo que, siempre lo que podamos decir acerca de Dios resultará insuficiente para expresar la experiencia religiosa personal y comunitaria del encuentro con el Señor. No obstante, Dios ha querido comunicarse a través de su Palabra, y es ésta misma Palabra la que nos invita a salir de nosotros mismos para compartir la alegría de lo que hemos visto y oído.

Los recientes Ejercicios, me permitieron pararme delante del Señor con confianza y disponibilidad, y en el silencio de mi interior, volver a experimentar su llamada tranquila, serena, paciente. Fue conmovedor explorar mis propias aguas y remar mar adentro en ellas sin temor a naufragar al saber que hay  “Alguien” más que conoce bien mi mar y que en caso de perderme, estará pronto con su auxilio.

En esta oportunidad, acompañados por Monseñor Martín Fassi, éstos Ejercicios me han ayudado a mirar más mi vida y la vida de la Iglesia desde el corazón de Dios, que como buen Padre, me quiere así como soy con un amor incondicional aún, cuando inmensa sea la pequeñez de mi persona. Siento que estoy en las manos de Dios, donde Él me puso desde un principio. Él sigue ahí, a mi lado y siento que mis tribulaciones, dudas, incertidumbres, cansancios, bloqueos, tienen sentido y, se transforman en alegría pacificada, en esperanza viva si me muevo desde Él, para que sea Él quien lleve el timón. Y así, confío y espero, porque el Señor sabe lo que actúa.

La experiencia de Ejercicios Espirituales tiene muchas riquezas. Una de ellas, es sin dudas el encuentro conscientemente deseado con Dios donde uno pone delante de él toda su vida y deja actuar a la gracia.  Por otro lado, los Ejercicios ayudan a enfocarnos y encarnarnos en la vida real con sus luces y sombras y alientan la construcción del Reino desde una entrega pastoral motivada por la gratitud de los dones recibidos.

Si sabemos aprovechar como corresponde el fruto de los Ejercicios, es probable que la vida ordinaria en nuestras relaciones cotidianas comience a tener cada día más el perfume de Dios y así, cooperemos con el Señor en la tarea de atraer a todos hacia él para que muchas más personas puedan experimentar el gozo del encuentro con aquel que nos llama porque nos ama.

Te invito junto a toda la comunidad del Seminario, a que en este tiempo que nos toca vivir, abramos nuestro corazón para encontremos con nuestro Padre que te ama sin límites, y sabiéndonos amados, ¡nos lancemos a amar y cuidar la vida de toda persona!

Javier Davicino