Axel querido. En primer lugar, muchas gracias por recibirnos y brindarnos tu tiempo en estos días que, seguramente, andas de aquí para allá, preparando todo para la celebración que se avecina.

Teniendo en cuanta que ya estamos a días de tu ordenación diaconal –momento que seguro habrás esperado y soñado durante tanto tiempo–, y pensando en aquellas personas que se alegran por el  “Sí” que das a Jesús, pero que no han tenido la oportunidad de hablar con vos, ¿cómo te presentarías ante ellos? ¿Qué te parece que tendrían que Saber de Axel?

Me llamo Axel, tengo 27 años. En mi familia somos 6 hermanos y mis dos viejos. Todos ellos viven en Córdoba y somos muy familieros.

Mí vida de fe se gestó en la parroquia Resurrección del Señor y nuestra Sra. de Pompeya, en barrio Escobar. Ahí participaba en la IAM, y sobre todo en el grupo juvenil misionero. Actualmente estoy en la parroquia nuestra Sra. de los dolores, en Río Ceballos.

¿Cómo crees que impactó este llamado a la vocación sacerdotal en tu familia?

El llamado que recibí a esta vocación fue tomado de distintas formas en mi familia. Por una parte, mis viejos se alegraron mucho por mi decisión, porque me veían muy feliz. Al ir recorriendo este camino, me han acompañado y apoyado siempre, además de haberme sostenido también  en los tiempos difíciles. Mis hermanos, por otra parte, algunos se mostraron más indiferentes o distantes, y los demás, a medida que fue pasando el tiempo, se manifestaron cada vez más en contra de la decisión. Pero tanto unos como otros siempre me acompañaron como hermano, alegrándose con mis alegrías e incluso, con sus cuestionamientos, me han ayudado mucho a vivir mejor mi camino de formación.

¿Qué es el diaconado? ¿Qué significa dar este paso hacia el diaconado?

A lo largo de todos estos años, fui descubriendo que el próximo paso que voy a dar hacia este ministerio que voy a recibir, el diaconado, es una vocación de consagración para estar al servicio de Dios y de la gente, atento a las necesidades de las comunidades. En un servicio que implica, entre otras cosas, bautizar, acompañar los casamientos y bendecir, poniendo la vida al servicio de los demás. En lo personal, este paso me significa mucho: me llena de alegría y me hace sentir que viene a «sellar» el camino que Dios va haciendo conmigo.

¿Con qué Iglesia soñás?

Este próximo paso es para vivir una vocación dentro de la Iglesia, en medio del pueblo de Dios. Amo la Iglesia. Y también tengo sueños hacia los cuales quiero caminar en mi futuro ministerio. Sueño con una Iglesia que sea casa abierta, que reciba la vida como viene, y genere espacios de encuentro, de familia, de pertenencia. No una Iglesia que se llena de actividades dispersas para sentir que hace mucho, sino que favorece ambientes que sean oasis en medio del ritmo loco en que vivimos. Una Iglesia que se la juega por incluir, por buscar caminos nuevos. Una Iglesia atenta a reconocer a Dios en quienes no creen, en los procesos sociales, en la cultura, y aprenda del Evangelio a la vez que lo anuncia –y sobre todo lo vive– en esos espacios. Una Iglesia que no usa el título de «católica» como bandera de pelea o de sentirnos distintos, sino que se mete en el barro y goza y sufre con los gozos y sufrimientos de la gente, sabiéndose muchas veces sin respuesta. Deseo una Iglesia orante y profunda que se encuentra con Jesús, más que con «reglas de juego». Somos Iglesia, y eso, para mí, es una alegría grande: descubrimos siempre que desde nuestras miserias, Dios hace algo hermoso. Podemos soñar grandes cosas, pero en nuestras fragilidades está Dios reinando, salvando, y eso no tiene precio.

Nuevamente, Axel, gracias por tu tiempo. Rezamos por vos…