Hacemos de la comunidad, nuestra familia.

Al reencontrarnos, tras disfrutar de las vacaciones en compañía de nuestras familias y amigos, los seminaristas compartimos una experiencia de dos semanas de convivencia entre todos los que integramos la gran familia del seminario sin hacer distinción de edades, ni de etapas formativas.

Este tiempo de convivencia es una gran oportunidad para conocer las vivencias que cada seminarista tuvo en el tiempo de vacaciones y deleitarnos entre los hermanos con mates, anécdotas, caminatas, tardes en que vamos al río, alguna que otra competencia de fútbol, tejo, juegos de mesa, etc., sumergidos en la tranquilidad que el contacto con la naturaleza del lugar nos ofrece.

A su vez, también este tiempo nos es óptimo para recibir formación en aspectos que durante el año, y por la gran cantidad de actividades que tenemos a diario, se nos complica recibir. Durante el tiempo de convivencia, María de Sahade –laica-, nos asombró con su charla sobre Lectio Divina, y se comprometió a continuar profundizando sobre el mismo tema con diversas charlas que tendremos la oportunidad de compartir mes a mes.

Juan Pablo, seminarista del quinto año de formación no comparte su testimonio:

Creo que compartir una experiencia de la Convivencia es compartir el comienzo de una etapa nueva en nuestra vida, con desafíos nuevos, metas a alcanzar, alegrías por vivir, no solo es el comienzo de un año más, sino de una fraternidad que va en aumento y que arranca desde ahora.

Por gracia de Dios tenemos una casa hermosa en Los Molinos, que ya es nuestra, y personalmente desde hace 5 años es parada obligada en cada inicio de año, en donde cada rincón me trae recuerdos, anécdotas, momentos vividos entre hermanos.

Este año particularmente  dimos la bienvenida a los nuevos integrantes de nuestra comunidad del seminario, compartimos con nuestras familias, con los curas de nuestra diócesis, con la gente del pueblo, y tantos otros que nos llenan de alegría en este caminar juntos como hermanos.

Siempre el clima que nos caracteriza es el de la fraternidad y una sana alegría que nos invita a seguir las huellas de Jesús que un día nos llamó, y como Él bien sabe, a compartir la vida con los demás, con nuestros hermanos, con nuestra gente.