La peregrinación de los Hogares de Cristo acompañados de la virgen de Lujan camino a los 15 años de su fundación esta dejando huellas profundas por cada lugar que pasa.

A bocinazos, batucadas, gritos llegaron a nuestra casa de Loreto el pasado domingo 20 de noviembre. Estábamos expectantes de cuantos eran, con quien nos íbamos a encontrar, de donde venían, como los habían recibido en otros lugares.

Los recibimos con mucha alegría, entusiasmo, con la clave de dar lo mejor de nosotros para que se sintieran cómodos. Estuvimos compartiendo mucho, poniendo al servicio nuestra casa, nuestras manos al momento de armar las mesas para el desayuno, el almuerzo, limpiando, sirviendo. Almorzábamos y cenábamos juntos, en donde se daba un compartir profundo de la vida, nos contaban sus historias, a que hogar pertenecían, como llegaron a él y cómo Dios los abrazo.

Tuvimos la gracia de participar de varias actividades, en los momentos de oración al comenzar y finalizar el día, la celebración de la misa.

También nos reunimos con el padre pepe donde nos contó en que consiste y el fundamento del Hogar de Cristo:

“En este planteo de tener una parroquia que llegue a todos, que nadie se quede afuera, había que poner mucho más que un simple grupo, la comunidad toda se tenía que hacer cargo. No se presenta como una fundación o una ONG, sino que sale del espíritu más profundo de una parroquia, es simple, practico para que cualquier parroquia pueda tener una.

El Hogar de Cristo es una de las formas, no la única, de cómo se expresa este nuevo tiempo de iglesia donde debemos tratar de ir siendo creativos, metiéndonos en los sectores donde más nos cuesta inclusive en lugares donde nos resignamos porque siempre va a ser así. Y sólo es posible como comunidad parroquial, la del barrio donde el pibe vive y es invitado a participar. Lograr que ese pibe o piba se siente en la mesa de la comunidad, que se sienta parte, no sólo ser una obra de caridad más. El pibe se realiza en la comunidad, no es una respuesta meramente terapéutica.

Con esta peregrinación queremos llevar un mensaje de esperanza. El lema que elegimos fue “NI un pibe menos por la droga” porque involucra a todos, rompe grietas, interpela al colegio, al club, a las capillas, al estado, a cualquiera, despertando una esperanza, porque los pibes hablan a los pibes, y a las madres que no saben cómo hacer con los chicos para empezar un tratamiento.

También despertar la inquietud en los sacerdotes, en los seminaristas, es una propuesta que salió de una parroquia, nace ahí, en esa vida de iglesia de parroquia donde nos preguntábamos como hacer las cosas entre todos.  Para ser Hogar de Cristo tenes que tener bien claro que sos iglesia, esto es valioso. Es lo que hacía el cura Brochero, si hoy viviera él hubiera fundado el Hogar de Cristo”.

Una de las noches organizamos una peña dentro del seminario, donde la risa, el baile y sobre todo el sentirnos familia se hizo presente.

Algunos caminamos las calles de Córdoba junto a los peregrinos, visitando hogares y compartiendo la buena noticia de la vida. Obviamente el partido de la selección no podía faltar, a pesar del resultado, los goles se hicieron sentir.

Fueron días de muchas gracias, uno de los seminaristas nos cuenta: “Pude descubrir una gracia muy particular en los peregrinos, la transparencia en su corazón, admiro esa capacidad de dar su testimonio, de mostrar como Dios paso y toco sus vidas, como el pecado en cada uno ha hecho heridas y como el Señor en estos hogares los ha sanado, experiencia en carne propia, heridas que están abiertas y están intentando sanar.

El día que fuimos al reconocimiento que le dieron al padre pepe, uno de los chicos del Hogar de Cristo dijo que “el hogar de cristo les dio el sentido de hogar a muchos ya que en sus casas no encuentran ese hogar, esa familia”, se percibió una familia grande, no había uno que se distinguía de otro, eran todos una familia, un hogar.

Como gracia particular nuestra casa, nuestro seminario se convirtió en un Hogar de Cristo que recibió a las personas con sus historias, anécdotas, experiencias de la peregrinación, pero también de sus vidas. Nuestro seminario estuvo lleno de olor a evangelio, un hogar, así es como se vivió estos días que tuvieron parando los Hogares de Cristo.

Me quedo con lo compartido de una chica: “en los hogares de cristo es Cristo quien abre la puerta y quien golpea la puerta del hogar” una enseñanza que me llevo para estar atento a las necesidades y cómo el flagelo de la droga está golpeando muchos pibes y pibas”.

Finalmente, el padre pepe nos compartió su experiencia y cómo su vocación se va nutriendo día a día con esta obra:

“Con la peregrinación de los Hogares de Cristo, no sólo yo, sino muchos sacerdotes que nos acompañan hemos pensado y vivido nuestra vocación, nuestra misión. Realmente doy gracias a Dios por ser cura, cumplo 35 años, y volvería a ser cura si naciera de vuelta.

Esto es para decirle, a aquel que esta transitando el seminario, que esta por ordenarse, que el sacerdocio nos abre una puerta muy grande en la misión, nos deja ser creativos, nos deja realizar la tarea que Dios nos va mostrando en el camino.

Tenemos que agradecer todos los días la vocación que nos regaló, no vivirlo como una cosa pesada sino más bien como un desafío. Creo que tenemos un don que tenemos que poner al servicio de los demás, es el gran regalo que nos dio Dios.

Los aliento y animo a seguir caminando, y pienso que cada día como sacerdotes, como seminaristas, como diáconos tenemos que estar agradecidos de este camino que fuimos elegidos por Dios a transitar en esta vida”.